Siento, pienso y existo II
- Gala de Velasco

- Mar 25, 2021
- 4 min read
Updated: Aug 21, 2021
Segunda parte: De lo racional a lo emocional.
En la primera parte de este artículo hablé de cómo a través de la historia del ser humano, este se había dividido y restado a sí mismo de su propia naturaleza y del mundo, al asegurar -gracias a los planteamientos del matemático francés Descartes- que la única manera de conocer la realidad era mediante la observación y el análisis de sucesos específicos, para lo cual el observador se debía colocar fuera de la ecuación, acusando que los sentidos propios de este eran una fuente de confusión para los resultados esperados.
Todos los ámbitos del conocimiento occidental, específicamente el área de la psicología y el psicoanálisis, se vieron influenciados fuertemente por esta visión, lo que en consecuencia generó el hecho de que hasta el día de hoy -y después de varios estudios que demuestran lo contrario- el ser humano sigue viéndose como un ente desligado de sí y del mundo que co-crea.
Es por esto que esta semana continuaré con el desarrollo de ese texto, para contarles cómo es que la ciencia moderna ha determinado que esta hipótesis no sólo es errónea, si no que lo que propone es sumamente anti-natural.
Para esto retomaré a dos de los personajes mencionados en un artículo anterior, quienes en conjunto crearon el término de Autopoiesis, ellos son los biólogos y chilenos: Humberto Maturana, quien a través de una mirada netamente biológica y con base en su investigación sobre la capacidad innata del ser humano que es el lenguaje, considera que el conocimiento, el hombre y el mundo son uno; Y Francisco Varela, quien a su vez se apoya en una visión oriental del conocimiento y aborda este tema desde el punto de vista de la neurología.
Aquí debo mencionar que mi finalidad no es hacer un arduo análisis sobre cada postura ni mucho menos abarcar en profundidad el tema común de la Autopoiesis, sino más bien hacer una especie de resumen de los puntos de vista de ambos, para posteriormente conectarlos, y esto nos llevará a la conclusión final de que el ser humano se crea y crea desde sí para sí, a partir de la emoción y que es allí donde aprende y existe.
Comenzamos así con Humberto Maturana quien nos explica desde una mirada evolutiva, primero que el ser humano, al igual que cualquier otro ser vivo, inicia siendo un ser emocional, que se mueve según sus gustos, preferencias y satisfacciones, a través de la confianza en un mundo que lo alberga y le proporciona lo que él requiere o necesita.
Después nos dice que lo que lleva a este ser vivo a convertirse en un ser pensante y reflexivo, es decir un homo sapiens, es su capacidad de interactuar a través del lenguaje, y que esta habilidad se crea en el momento en que esté debe comenzar a convivir largos periodos de tiempo junto a otros sapiens, y así de este convivir entre las emociones propias y ajenas se generan las coordinaciones de coordinaciones de haceres, que son acciones de colaboración y coparticipación basadas en el amor y en el surgir del uno en el otro. Este proceso Maturana lo denomina la Biología del amor, y dice que esto es lo que permite la evolución de la especie.
Luego expone que en algún punto de la historia, el hombre ya como tal, pierde su confianza en el mundo y se separa de lo natural, por ende de la emoción; lo que genera en él una búsqueda de poder, control y certidumbre -que él asocia con el concepto de conocer- la cual dice que niega la capacidad reflexiva al colocar al otro como un enemigo competitivo, en vez de verlo como un igual, y por ende afirma que es el mismo ser humano quién ha limitado su propia evolución.
De esta manera Maturana termina por aclarar que la caída humana es la invención de teorías que justifican relaciones de exclusión, apropiación y dominio, al intentar explicar actos emocionales a través de la razón. Lo cual es incongruente, pues cito“Todo pensamiento racional se funda en premisas emocionales”.
Continuamos con Francisco Varela, cuyo trabajo revolucionó la visión que se tenía sobre el yo centralizado e individual, este yo que observa desde fuera como un mero espectador, al descubrir y concluir que, en realidad, todos los seres que poseen un sistema nervioso son seres descentralizados, ya que sus redes neuronales se unen y se coordinan de acuerdo al sistema motor del cuerpo y su respuesta que es la percepción que éste tiene del mundo circundante, para así generar una acción coherente con el contexto dado.
En resumen, esto quiere decir que la relación entre la percepción y el medio es la que crea la capacidad cognitiva del ser humano, y que la única forma de conocer es mediante la experiencia, ya que la mente no se encuentra en la cabeza sino también en todo el cuerpo.
Luego nos dice que la vida propia del ser humano tampoco es centralizada, sino que es un constante aparecer en el mundo dentro de un flujo permanente de emociones, acciones y fenómenos, mismos que no existen sustancialmente, pero sin embargo son eficientes, y esto es lo que conocemos como el sentimiento de existir.
Por último Varela termina por concluir que el error del hombre occidental fue considerar la idea dualista, por que va en contra de lo que somos, ya que se enfoca en el saber hacer, en vez de en el saber como hacer, y nos dice “no vamos a saber nunca lo que es conocer, ni como cambiar a menos de hacernos cargo de la naturaleza propia, de esta naturaleza descentrada de lo que es la experiencia y lo que somos… Hay que hacerse cargo de que el mundo es tuyo”.
Finalmente ambos concuerdan que la única manera que el hombre tiene de conocer y de existir es mediante su historia evolutiva, que es producto de su colaboración y relación con el otro mediante la empatía.
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